La librería de Chelo

Este es el blog de Chelo Puente, donde descubrirás algo sobre mí a través de las palabras escritas y leídas.


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Poema IV


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Pablo Neruda – Chile, 1904-1973

Llegó un verano más para disfrutar
del mar, del sol, del tiempo libre,
de las buenas compañías y del poema del gran

PABLO NERUDA

del que no hace falta decir más,
sólo disfrutar de su poesía.

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POEMA IV

Es la mañana llena de tempestad
en el corazón del verano.

Como pañuelos blancos de adiós viajan las nubes,
el viento las sacude con sus viajeras manos.

Innumerable corazón del viento
latiendo sobre nuestro silencio enamorado.

Zumbando entre los árboles, orquestal y divino,
como una lengua llena de guerras y de cantos.

Viento que lleva en rápido robo la hojarasca
y desvía las flechas latentes de los pájaros.

Viento que la derriba en ola sin espuma
y sustancia sin peso, y fuegos inclinados.

Se rompe y se sumerge su volumen de besos
combatido en la puerta del viento del verano.


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Poema 14


Pablo Neruda - 1904-1973

Pablo Neruda – 1904-1973

Porque también en otoño
quiero hacer contigo
lo que la primavera hace con los cerezos.

Y para ello,
nada mejor que recurrir a los versos del gran

PABLO NERUDA

en este primer miércoles de octubre.

POEMA 14

Juegas todos los días con la luz del universo.
Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua.
Eres más que esta blanca cabecita que aprieto
como un racimo entre mis manos cada día. A nadie te pareces desde que yo te amo.
Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas.
Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del sur?
Ah déjame recordarte cómo eras entonces, cuando aún no existías.

De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada.
El cielo es una red cuajada de peces sombríos.
Aquí vienen a dar todos los vientos, todos.
Se desviste la lluvia.

Pasan huyendo los pájaros.
El viento. El viento.
Yo sólo puedo luchar contra la fuerza de los hombres.
El temporal arremolina hojas oscuras
y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo.

Tú estás aquí. Ah tú no huyes.
Tú me responderás hasta el último grito.
Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo.
Sin embargo alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos.

Ahora, ahora también, pequeña, me traes madreselvas,
y tienes hasta los senos perfumados.
Mientras el viento triste galopa matando mariposas
yo te amo, y mi alegría muerde tu boca de ciruela.

Cuanto te habrá dolido acostumbrarte a mí,
a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan.
Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos
y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes.

Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote.
Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado.
Hasta te creo dueña del universo.
Te traeré de las montañas flores alegres, copihues,
avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos.

Quiero hacer contigo
lo que la primavera hace con los cerezos.


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El peso


Kepa-MuruaSi este miércoles está siendo buenísimo… ¡¡Enhorabuena!!.
Si está siendo  normalito…
Sólo es otro día de tantos.

Pero…
Si tu día está siendo realmente malo, te regalo mi remedio para aliviarte…
Refúgiate en la poesía, te aligerará el peso.

Por eso, te dejo este poema de

Kepa Murua
Zarauz, 1962

de su poemario Poesía sola, pura premocición.

                       Es para ti, solo para ti…

                                                                                                            EL PESO

Os diré que mis manos nada nuevo han cogido.
Pero al menos encontré un libro blanco
poesia sola...
donde puedo juntar mis palabras por la noche.
Mis ojos el mar no vieron, pero navegué.
Mi cuerpo jamás venció, pero fui vencido
donde nadie se atreve a reconocerlo.
Tras pedir perdón, amé como un loco.
Tras hacerlo como se reconocen los errores
donde no corre el paso del tiempo.
Mi cuerpo que vio como marcaban a otros.
Mis ojos que sintieron un mar helado
donde no había mapas para saberlo.
Siempre soñé con un viaje lejano
en el que encontrara la felicidad perdida.
Pero encontré otros ojos con lágrimas.
Otros secretos inconfesables
que no merece la pena reconocer
cuando la vida marca a todos con su incierto peso.
¿Sentiste el alivio…?

diciembre, 2013 © chelopuente