La librería de Chelo

Este es el blog de Chelo Puente, donde descubrirás algo sobre mí a través de las palabras escritas y leídas.


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Decepción


playa tumbonaLas vacaciones tocaban a su fin, pensaba, mientras tomaba el sol en una de las tumbonas de la playa de aquel hotel de lujo, donde había decidido pasar unos días, gastándose el dinero que no tenía. Por éso decidió que esa noche se pondría sus mejores galas y se tomaría una copa en la terraza de su lujoso hotel.

Se maquilló cuidadosamente, se puso un vestido vaporoso, en otro tiempo demasiado escotado quizá, pero había llegado el momento de hacer uso de él. Se subió en unas sandalias de tacón de vértigo, cogió el bolso y salió de su habitación dispuesta a iniciar  la caza.

Sentada en el sillón y delante de un gintonic, pensaba en que esa era su última noche para poder ligar. Cuando llegara a casa, necesitaba tener una historia apasionante que contar a sus amigas, y también se encargaría de que la información le llegara a su exmarido, que había tenido la desfachatez de marcharse con otra más joven.terraza

De pronto le vio, sentado en una mesa cercana a la suya, con porte elegante, atractivo y con ganas de compañía, estaba segura. Se sentía observada por él. Le hacía guiños para que ella reparara en él, pero ella se quería hacer desear, de forma que intentaba captar su atención haciéndose la interesante, y lo conseguía porque él no dejaba de hacerle guiños.

De pronto, vio como dirigía la mano al bolsillo de su chaqueta y a ella se le aceleró el corazón. Pensó que ya estaba. Ahora le escribiría una nota que le haría llegar con el camarero, invitándola a su mesa.

Enfadada, se levantó bruscamente, cogió el bolso y se marchó decepcionada. Del bolsillo de la chaqueta, él había sacado un frasco de gotas que se puso en los ojos para tratar la conjuntivitis que le martirizaba los ojos.

Chelo Puente – mayo, 2013

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Añorando los viejos tiempos.


ventana

Querido amigo:

Hace tiempo que no te escribo un email porque no tenía nada importante que contarte, pero hoy, hoy si que tengo una cosa superimportante.

Verás… Estaba yo el otro día con una amiga mía y me contaba una cosa que le pasó una noche con su marido… ya verás, ya…

Después de cenar estaban ellos dos sentados en el salón. Ella leía una novela, él tenía la mirada perdida en algún punto inexacto del jardín a través de la ventana, con una actitud soñadora.

– ¿Sabes cariño? -dijo el marido. ¡Cómo añoro los viejos tiempos!, cuando tenía 30 años. Aquellos en los que vivía en un apartamento cutre, con unos muebles cutres, comía en restaurantes cutres y tenía un coche cutre de tercera mano, pero cada noche me llevaba a la cama a una rubia delgada, escultural, joven y diferente. Ahora vivo en una magnífica casa con jardín, con unos muebles de diseño, como en los mejores restaurantes y tengo uno de los coches más lujosos del mercado, pero… cada noche me acuesto con la misma mujer de más de 50 años y con un poco de sobrepeso. ¡Ay, no sé si me comprendes!

– Claro que te comprendo, querido -contestó mi amiga, que es muy comprensiva. Claro que comprendo que añores los viejos tiempos. Por éso te digo sal, ve a buscar y llévate a la cama cada noche a una rubia delgada, joven, escultural y diferente, y no te preocupes de nada más, porque yo me encargaré de que vuelvas a tener un apartamento cutre, con unos muebles cutres, vuelvas a comer en restaurantes cutres y a tener un coche cutre.

El marido, amigo mío, ante la comprensión desmedida de su mujer, calló sin saber qué responder y salió a dejar la basura. Mi amiga siguió leyendo su novela, con la satisfacción de saber lo bien que comprendía a su marido.

Otro día te cuento más cositas, sí?

Mil besos,

Chelo Puente – febrero, 2013