La librería de Chelo

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Árbol de la esperanza, mantente firme


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Frida Kahlo, 1907-1954

Frida Kahlo pintó esta obra después de una operación en Nueva York que pensó que la iba a liberar de las secuelas que le habían dejado la poliomielitis y el accidente de tráfico que sufrió cuando era una jovencita de dieciséis años.

Figura entre sus obras más punteras e importantes este autorretrato Árbol de la esperanza mantente firme, un compendio de sus demonios personales, una obra en la que de una forma hermosa entremezcla su agonía con la esperanza que la mantuvo viva.

Lo pintó mientras vivía un romance con Josep Bartolí, un republicano catalán que escapó de las garras de la Gestapo y fue a parar a Nueva York, donde se abrió camino como pintor, y donde conoció a Frida Kahlo, que vivía por entonces un periodo donde el dolor insoportable apenas la dejaba trabajar.

En 2015 la casa de subastas Doyle de Nueva York subastó 25 cartas manuscritas que Frida le dirigió a Bartolí. En una de ellas le convierte en su salvador… “Me acordé de tus últimas palabras y empecé a pintar. Trabajé toda la mañana y después de comer hasta que no hubo más luz. Pero luego me sentí extenuada y todo me dolía (…) Por ti he vuelto a pintar, a vivir,  a ser feliz. Eres mi árbol de la esperanza”.

Y un 13 de julio, como hoy, pero de 1954 moría a los 47 años de edad en Coyoacán (México), presa del sufrimiento que le había acompañado toda su vida. Se despidió con las últimas palabras que dejó en su diario… “Espero alegre la salida y espero no volver jamás”.

IN MEMORIAM…

arbol de la esperanza

Árbol de la esperanza, mantente firme

 


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Carta de amor


frida

Un miércoles de poesía amanece
pero hoy no es un poema lo que os traigo
sino la carta de amor que

FRIDA KAHLO

le escribió a Josep Bartolí, su amante catalán

 

 

 

“Bartolí, anoche sentía como si muchas alas me acariciaran toda, como si en las yemas de tus dedos hubiera bocas que me besaran la piel.
Los átomos de mi cuerpo son los tuyos y vibran juntos para querernos.
Quiero vivir y ser fuerte, para amarte con toda la ternura que tú mereces, para entregarte todo lo que de bueno hay en mí y que sientas que no estás solo.
Cerca o lejos, quiero que te sientas acompañado de mí, que vivas intensamente conmigo, pero sin que mi amor te estorbe para nada en tu trabajo ni en tus planes.
Que forme yo parte tan última en tu vida, que yo sea tú mismo, que si te cuido, nunca será exigiéndote nada, sino dejándote vivir libre, porque en todas tus acciones estará mi aprobación completa.
Te quiero como eres, me enamora tu voz, todo lo que dices, lo que haces, lo que proyectas. Siento que te quise siempre, desde que naciste, y antes, cuando te concibieron. Y a veces siento que me naciste a mí.
Quisiera que todas las cosas y las gentes te cuidaran y te amaran, y estuvieran orgullosas como yo de tenerte. Eres tan fino y tan bueno que no mereces que te hiera la vida.
Te escribiría horas y horas, aprenderé historias para contarte, inventaré nuevas palabras para decirte en todas que te quiero como a nadie”.