La librería de Chelo

Este es el blog de Chelo Puente, donde descubrirás algo sobre mí a través de las palabras escritas y leídas.


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Cuando realidad y ficción se confunden.


Anoche cuando preparaba todas las cosas para iniciar la semana, al consultar mi agenda vi que hoy había quedado en recoger un libro que necesitaba una de nuestras «clientes superfavoritas», así que esta mañana, a primera hora me he dirigido a esa editorial.  

A pocos metros de la mismísima Puerta del Sol, se encuentra dicho lugar, en un piso de uno de los edificios antiguos de la zona. Subo al piso y llamo a la puerta… un cerrojo se descorre y la puerta se abre. Ante mí aparece la figura de un hombre de edad indefinida, pero bastante superior a la mía. Su aspecto me recuerda a aquellos universitarios de los años 60-70… pantalón de pana, botas de piel vuelta, shetland que cubre una camisa de cuadros y una poblada barba que casi oculta su rostro; bajo sus gafas unos ojos claros con un aire soñador… 

La estancia es acorde con tan sorprendente figura. Paredes cubiertas de estanterías de esa madera que ya no se ve por ningún sitio. Están llenas de libros en un aparente desorden, o quizá en un caótico orden, no lo sé. En los escasos huecos que dejan los libros que reposan en sus estantes, atisbo unas paredes cubiertas de un papel similar al que había en las paredes de las casas de mi infancia. El suelo de madera cruje a cada paso que damos; huele a madera, a tinta, a papel, a nostalgia, a recuerdos… a pasado. 

Mientras me busca el libro y me prepara la factura, sigo observando y noto una extraña sensación, como si ya hubiera estado en ese lugar. En la única pared que no tiene estanterías, una bandera republicana parece añorar lo que pudo haber sido; una foto de Bakunin acorde con lo anárquico del lugar; y un viejo cartel con una borrosa cita en catalán, bajo una foto de Puig Antich, recuerdan a un Salvador que no fue salvado… 

De repente, me dice… 

– ¿Te sorprende el lugar?. Noto que lo observas con atención.
– No, no… disculpa si te he parecido indiscreta, lo siento… – le digo avergonzada al verme sorprendida en mi observación.
– Es normal que te sorprenda… eres tan joven… – me dice con cierta melancolía.
– Que va… soy joven como librera… como persona, no lo soy tanto, no creas… es que es extraño… por un momento me ha parecido que ya había estado en este lugar – le digo.
– No, aquí no has estado nunca… te recordaría…
– No, si ya sé que no he estado nunca, pero es que, creo que este lugar es como me imaginé que sería la trastienda de la librería que visitaba Pol Albión con su tío, donde se vendían las lecturas censuradas, en la Catalunya de posguerra, de la novela de Andreu Carranza…
– Mi padre también tuvo una librería con trastienda, como la de Imprenta Babel, pero aquí en Madrid… – me dice con una sonrisa de complicidad. (Conocía el libro y comprendía mi sensación). 

Cuando ya tengo mi libro, mi factura y le he pagado, nos despedimos, y me tiende su mano estrechando la mía en un cálido apretón de manos… Bueno, hasta otra vez, y bienvenida al mundo mágico de los libros «jovencomolibrera, comopersonanolosoytanto» ,y yo, todavía impresionada, solo le sonrio.  

Cuando bajo las escalera de madera pienso que, este encuentro presagiaba un lunes lleno de emociones, y porque, por un momento, he tenido la sensación de ser un personaje dentro de una novela, de confundir la realidad con la ficción… mientras tarareo la canción de Serrat Es caprichoso el azar, porque el azar te hace vivir momentos extraordinariamente extraños… 

Chelo Puente, octubre 2010.